Situación de este emblemático edificio de Badajoz.

Inmersos en pleno debate social sobre la rehabilitación del noble edificio del Hospital Provincial, debate que, por cierto, no ha tenido la Diputación con nadie al encargar el Plan Director directamente a unos arquitectos sin contar siquiera con los suyos propios, en un “Ordeno y mando” más propio de otros tiempos, cabe plantearse algunas consideraciones importantes.
La primera de ellas es que se va a intervenir en un edificio histórico del S. XVIII, que no sólo está en el corazón de los pacenses por haber sido templo para curar sus enfermedades durante siglos, sino que también forma parte importante del más que castigado y denostado Patrimonio Histórico-Artístico de Badajoz. Es por ello por lo que este fantástico edificio, enclavado en el alma de la ciudad, goza de la máxima protección tras los declarados como Bienes de Interés Cultural -éste debería serlo- al estar catalogado en el Plan de Urbanismo de Badajoz como “Bien Inventariado en Grado 1”. Esta protección dice, textualmente, lo siguiente:

Es el asignado a los edificios cuyo valor resida principalmente en su estructura tipológica y morfológica, reflejadas en la disposición y composición de los elementos comunes: fachada, estructura, acceso, vestíbulos o zaguanes, patios y escaleras. Cualquier intervención irá encaminada a su protección tipológica. No se proyectarán modificaciones interiores que alteren o perjudiquen las partes esenciales, muros, forjados o bóvedas, patios, zaguanes y accesos, u otros elementos decorativos por los que hubiese sido catalogado el edificio. Se respetarán todas las características esenciales del inmueble.

Plantear, por tanto, un Plan Director que destroza una fachada del edificio y abre en canal a cielo abierto parte de su interior, colocando además un cubo de nueva planta dentro no sólo no respeta su protección, sino que viola directamente la legalidad. Parece lógico pensar que lo primero que ha de exigirse a un proyecto de rehabilitación de un monumento protegido del año 1758 es que sea legal y respetuoso con el edificio existente, adaptando los usos al Patrimonio Rehabilitado y no al contrario y, por supuesto, no atropellando y alterando el carácter, la personalidad, la estructura fundamental y las fachadas del edificio que lo hacen merecedor de la protección de la que goza actualmente.
Esta forma de actuar del presidente de la Diputación, más próxima al “despotismo ilustrado” que a la democracia, unido a la desagradable y dolorosa experiencia del Cubo de Biliotecionomía, han hecho reaccionar a los pacenses, formándose una Plataforma en Defensa del Hospital Provincial que ha dado lugar a una serie de acciones ciudadanas entre las que destaca la multitudinaria manifestación celebrada el día 12 de noviembre, que debe hacer recapacitar a las administraciones, y mucho, pues sus errores de hoy los pagamos los ciudadanos mañana de nuestros bolsillos.
Es de lamentar que un proyecto de esta envergadura, que interviene en el que ha sido y es el mejor edificio civil de la ciudad a lo largo de su historia, no cuente con la opinión de los ciudadanos de Badajoz, de sus asociaciones, técnicos, historiadores y colectivos sociales que, sin duda, enriquecerían y consensuarían una propuesta adaptada, acertada e inteligente.
Y es aquí, en este punto, donde aparecen las “Dos llaves del Hospital”. Una la tiene la Diputación que aún está a tiempo de evitar la destrucción de su propia mano de un edificio histórico fundamental para Badajoz y de rectificar a tiempo para devolvérselo a la ciudad rehabiliado como su Gran Centro Cultural, de Enseñanza y de Ocio. La segunda llave la tiene el Ayuntamiento de Badajoz que es quien finalmente ha de conceder licencia de obras. Si el proyecto no se reforma y se atiene a la legalidad ahí se verá de qué parte está, si a favor de una ilegalidad o de la defensa de los intereses de los ciudadanos de Badajoz. Y que tenga mucho ojo, pues Diputación, como hizo en su día la Junta de Extremadura con el “Cubo” “tirará la piedra y esconderá la mano” siendo los resposables, y los “paganinis” todos los ciudadanos de Badajoz si desde el Ayuntamiento se da licencia a una obra ilegal que después haya que derribar.
En la cabeza de todos los pacenses están los gravísimos resultados que se derivan de cuando una institución pública construye un edificio que, una vez denunciado por algún colectivo o ciudadano, se declara ilegal y hay que derribarlo utilizando para ello también el bolsillo del contribuyente.

 

Antonio Manzano Marchirant
Presidente de Badajoz Adelante